Yo, Ramón Jiménez Verdejo me reservo todos los derechos de autor de la obra que expongo a continuación.
-¿Alexandre Botenhauer? - Preguntó el médico tranquilamente. - Tu madre está bien, sólo ha sido un golpe que no le permitirá andar correctamente en unos meses, pero nada que no se supere con unas medicinas, reposo, y mucho cariño.
El niño asintió y el doctor volvió a salir de la estancia.
-¿Qué le ha pasado a tu madre? - Dijo Alba con confianza.
-Un coche.
-¿La pilló un coche?
Alexandre volvió a asentir.
-Vaya, qué mala suerte... A mi perro también lo pilló un coche una vez, pero él se fue...
El niño parecía no prestar atención, pero en realidad analizaba cada palabra con minucioso cuidado. Se giró hacia la niña con intención de hablar cuando el doctor salió por la puerta de nuevo, esta vez sin su atuendo de trabajo. Se colocó un sombrero, miró a Alexandre, se encendió un cigarrillo tranquilo (aparentemente su manera de hacer las cosas), y dijo:
-Puedes irte a casa- Se acercó a él, metió su mano en un bolsillo y extendió su mano sobre la del pequeño - Toma, las cogimos del bolso de tu madre.
Alexandre abrió la mano y recibió las llaves de su casa.
El médico le dio una calada al cigarro mientras seguía en frente de Alexandre y preguntó:
-¿No te vas?
Alexandre negó con la cabeza.
-Está bien, mañana llevaremos a tu madre a casa, ahora está dormida, buenas noches.
El hombre se marchó echándole una bocanada de humo a Alexandre, éste puso cara de desagrado y la niña preguntó animadamente:
-¿No te gusta el humo del tabaco? Es el mismo que echamos cuando hace frío, solo que lo puedes echar aunque no haga frío, es divertido, cuando sea mayor fumaré para echar humo en verano.
Alexandre negó lentamente.
-Pues vaya... Y, oye... ¿Qué te gusta? - Preguntó curiosamente Alba.
Alexandre se encogió de hombros e hizo ademán de ignorancia.
-¿Te gusta el cole?
Alexandre asintió.
-¿Te gusta viajar?
El niño se encogió de hombros.
-¿Nunca has viajado?
Negó con la cabeza.
-¿Te gusta ir a la iglesia?
Alexandre se quedó callado, mirando fijamente al suelo...
-¿Te gusto yo?
Agradecimientos: A Ferri, un abrazo.
sábado, 19 de diciembre de 2009
viernes, 18 de diciembre de 2009
Capítulo 3 - Rizos de oro
Yo, Ramón Jiménez Verdejo me reservo todos los derechos de autor de la obra que expongo a continuación.
Alexandre estaba sentado en una banqueta en el hospital, a su lado un hombre gordo y calvo que fumaba un cigarro.
-Eh, chaval, ¿Qué haces aquí? - Dijo aquel hombre con tono paternal, pero Alexandre no emitió un sonido.
-Entiendo, es triste estar aquí, a nadie le gusta... ¡A mí al que menos! - Dijo esbozando una sonrisa.
Alexandre aun no se había movido desde que unos tipos vestidos de blanco lo dejaron allí sentado y le dijeron que no se moviera, él no entendía nada, pero se sentía tranquilo.
De repente, una niña de edad similar a la de Alexandre, con un pelo dorado como la miel, y una cara angelical entró al pasillo en el que se encontraban Alexandre y el hombre gordo acompañada de su madre, que le dijo que no se moviese de ahí, que ella saldría en un rato, y se sentó al otro lado de Alexandre.
-Supongo que querréis intimidad, jeje - Dijo el hombre levantándose - Hasta luego niños.
El hombre se fue y los dos niños quedaron solos en el pasillo.
A Alexandre le sonaba la niña, tenía la impresión de haberla visto ya antes, pero no sabía donde.
-Hola, ¿Cómo te llamas? - Dijo la pequeña.
-Alexandre.
-Yo me llamo Alba.
El médico salió de la sala.
-¿Alexandre Botenhauer?
El niño giró la cabeza hacia él.
Alexandre estaba sentado en una banqueta en el hospital, a su lado un hombre gordo y calvo que fumaba un cigarro.
-Eh, chaval, ¿Qué haces aquí? - Dijo aquel hombre con tono paternal, pero Alexandre no emitió un sonido.
-Entiendo, es triste estar aquí, a nadie le gusta... ¡A mí al que menos! - Dijo esbozando una sonrisa.
Alexandre aun no se había movido desde que unos tipos vestidos de blanco lo dejaron allí sentado y le dijeron que no se moviera, él no entendía nada, pero se sentía tranquilo.
De repente, una niña de edad similar a la de Alexandre, con un pelo dorado como la miel, y una cara angelical entró al pasillo en el que se encontraban Alexandre y el hombre gordo acompañada de su madre, que le dijo que no se moviese de ahí, que ella saldría en un rato, y se sentó al otro lado de Alexandre.
-Supongo que querréis intimidad, jeje - Dijo el hombre levantándose - Hasta luego niños.
El hombre se fue y los dos niños quedaron solos en el pasillo.
A Alexandre le sonaba la niña, tenía la impresión de haberla visto ya antes, pero no sabía donde.
-Hola, ¿Cómo te llamas? - Dijo la pequeña.
-Alexandre.
-Yo me llamo Alba.
El médico salió de la sala.
-¿Alexandre Botenhauer?
El niño giró la cabeza hacia él.
Capítulo 2 - Chocolate
Yo, Ramón Jiménez Verdejo, me reservo todos los derechos de autor de la obra que expongo a continuación.
Aquel día se presentaba como un día excepcional para Alexandre.
Su madre le dijo que irían a dar un paseo, y quizá, si se portaba bien, le compraría algún dulce.
Paseando por la calle, Inna, la madre del niño, le señalaba las cosas a Alexandre, y le decía su nombre y para que servían.
Tras una media hora de caminar, Alexandre vio a un tipo elegante, con un traje nuevo, impecable, con un gorro y cositas relucientes por su pecho caminando en la otra acera. Éste lo señaló y le tiró de la manga a su madre para que le dijera quien era aquel hombre, y para que servía.
Su madre rapidamente dio media vuelta y aligeró el paso, sin darle la información que pedía.
Un rato después, se sentaron en un banco a descansar. El sol del invierno era agradable, hacía frío, pero aun asi daba gusto estar en la calle.
Alexandre se fue a pasear por el parque, se alejó un poco de su madre, pero Inna seguía manteniendo el contacto visual con el niño.
Éste descubrió una chocolatería con apetitosos dulces al otro lado de la calle, y salió corriendo hacia ella.
Inna advirtió los mivimientos del niño, y preocupada salió corriendo detrás de él.
Alexandre, parado en el escaparate, empañando el cristal con su aliento, oía a su madre mientras gritaba su nombre y corría a través de la calzada.
Luego se oyó un frenazo y un golpe fuerte, Alexandre giró la cabeza y vio el cuerpo de su madre tendido en el suelo junto a un coche blanco.
Aquel día se presentaba como un día excepcional para Alexandre.
Su madre le dijo que irían a dar un paseo, y quizá, si se portaba bien, le compraría algún dulce.
Paseando por la calle, Inna, la madre del niño, le señalaba las cosas a Alexandre, y le decía su nombre y para que servían.
Tras una media hora de caminar, Alexandre vio a un tipo elegante, con un traje nuevo, impecable, con un gorro y cositas relucientes por su pecho caminando en la otra acera. Éste lo señaló y le tiró de la manga a su madre para que le dijera quien era aquel hombre, y para que servía.
Su madre rapidamente dio media vuelta y aligeró el paso, sin darle la información que pedía.
Un rato después, se sentaron en un banco a descansar. El sol del invierno era agradable, hacía frío, pero aun asi daba gusto estar en la calle.
Alexandre se fue a pasear por el parque, se alejó un poco de su madre, pero Inna seguía manteniendo el contacto visual con el niño.
Éste descubrió una chocolatería con apetitosos dulces al otro lado de la calle, y salió corriendo hacia ella.
Inna advirtió los mivimientos del niño, y preocupada salió corriendo detrás de él.
Alexandre, parado en el escaparate, empañando el cristal con su aliento, oía a su madre mientras gritaba su nombre y corría a través de la calzada.
Luego se oyó un frenazo y un golpe fuerte, Alexandre giró la cabeza y vio el cuerpo de su madre tendido en el suelo junto a un coche blanco.
Capítulo 1 - El monstruo
Yo, Ramón Jiménez Verdejo me reservo todos los derechos de autor de la obra que expongo a continuación.
Una mariposa entró sigilosamente en la habitación por la puerta entreabierta. Fría, oscura, y con un niño encima de una cama, la estancia parecía la habitación de un niño de familia poco adinerada cualquiera.
Alexandre Botenhauer miró al insecto con fascinación desde su cama. No sabía qué era, dado que el niño no conocía mucho mundo, es más, apenas salía de su casa.
Siguió contemplándolo durante unos segundos cuando su presencia empezó a incomodarle. Trató de echarlo abriendo la ventana, pero la mariposa seguía allí.
Debido a que el insecto volaba por el techo de la habitación, y que la estatura de Alexandre no le permitía alzar las manos por encima de la mitad de la altura de la habitación, éste decidió volver a la cama.
Intentó hacer caso omiso del insecto, pero el buen oído de alexandre le permitía escuchar hasta el más mínimo aleteo.
Furioso, Alexandre volvió a mirar al bicho, y su única respuesta esta vez fue:
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!!!!
Una mariposa entró sigilosamente en la habitación por la puerta entreabierta. Fría, oscura, y con un niño encima de una cama, la estancia parecía la habitación de un niño de familia poco adinerada cualquiera.
Alexandre Botenhauer miró al insecto con fascinación desde su cama. No sabía qué era, dado que el niño no conocía mucho mundo, es más, apenas salía de su casa.
Siguió contemplándolo durante unos segundos cuando su presencia empezó a incomodarle. Trató de echarlo abriendo la ventana, pero la mariposa seguía allí.
Debido a que el insecto volaba por el techo de la habitación, y que la estatura de Alexandre no le permitía alzar las manos por encima de la mitad de la altura de la habitación, éste decidió volver a la cama.
Intentó hacer caso omiso del insecto, pero el buen oído de alexandre le permitía escuchar hasta el más mínimo aleteo.
Furioso, Alexandre volvió a mirar al bicho, y su única respuesta esta vez fue:
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!!!!
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