Yo, Ramón Jiménez Verdejo me reservo todos los derechos de autor de la obra que expongo a continuación.
Alexandre estaba sentado en una banqueta en el hospital, a su lado un hombre gordo y calvo que fumaba un cigarro.
-Eh, chaval, ¿Qué haces aquí? - Dijo aquel hombre con tono paternal, pero Alexandre no emitió un sonido.
-Entiendo, es triste estar aquí, a nadie le gusta... ¡A mí al que menos! - Dijo esbozando una sonrisa.
Alexandre aun no se había movido desde que unos tipos vestidos de blanco lo dejaron allí sentado y le dijeron que no se moviera, él no entendía nada, pero se sentía tranquilo.
De repente, una niña de edad similar a la de Alexandre, con un pelo dorado como la miel, y una cara angelical entró al pasillo en el que se encontraban Alexandre y el hombre gordo acompañada de su madre, que le dijo que no se moviese de ahí, que ella saldría en un rato, y se sentó al otro lado de Alexandre.
-Supongo que querréis intimidad, jeje - Dijo el hombre levantándose - Hasta luego niños.
El hombre se fue y los dos niños quedaron solos en el pasillo.
A Alexandre le sonaba la niña, tenía la impresión de haberla visto ya antes, pero no sabía donde.
-Hola, ¿Cómo te llamas? - Dijo la pequeña.
-Alexandre.
-Yo me llamo Alba.
El médico salió de la sala.
-¿Alexandre Botenhauer?
El niño giró la cabeza hacia él.
viernes, 18 de diciembre de 2009
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