Yo, Ramón Jiménez Verdejo, me reservo todos los derechos de autor de la obra que expongo a continuación.
Aquel día se presentaba como un día excepcional para Alexandre.
Su madre le dijo que irían a dar un paseo, y quizá, si se portaba bien, le compraría algún dulce.
Paseando por la calle, Inna, la madre del niño, le señalaba las cosas a Alexandre, y le decía su nombre y para que servían.
Tras una media hora de caminar, Alexandre vio a un tipo elegante, con un traje nuevo, impecable, con un gorro y cositas relucientes por su pecho caminando en la otra acera. Éste lo señaló y le tiró de la manga a su madre para que le dijera quien era aquel hombre, y para que servía.
Su madre rapidamente dio media vuelta y aligeró el paso, sin darle la información que pedía.
Un rato después, se sentaron en un banco a descansar. El sol del invierno era agradable, hacía frío, pero aun asi daba gusto estar en la calle.
Alexandre se fue a pasear por el parque, se alejó un poco de su madre, pero Inna seguía manteniendo el contacto visual con el niño.
Éste descubrió una chocolatería con apetitosos dulces al otro lado de la calle, y salió corriendo hacia ella.
Inna advirtió los mivimientos del niño, y preocupada salió corriendo detrás de él.
Alexandre, parado en el escaparate, empañando el cristal con su aliento, oía a su madre mientras gritaba su nombre y corría a través de la calzada.
Luego se oyó un frenazo y un golpe fuerte, Alexandre giró la cabeza y vio el cuerpo de su madre tendido en el suelo junto a un coche blanco.
viernes, 18 de diciembre de 2009
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